Ricky Nolasco. (Stephen Dunn/AP)

La incorporación de un Comodín o "Wild Card" más en cada liga - una modalidad que debutó la temporada pasada - le ha agregado intriga a la fecha límite de cambios sin pasar por waivers del 31 de julio.

La cosa es que, mientras algunos equipos son "vendedores" indiscutibles (Marlins, por ejemplo, quienes ya canjearon al que era su mejor lanzador en Ricky Nolasco), existen varios clubes que no pueden evitar pensar en la posibilidad de entrar en una de esas rachas ganadoras para tratar de contender por un lugar en octubre.

"Creo que [los altos mandos de cada equipo] se dan cuenta de ello", dijo el zurdo de los Filis, Cliff Lee, "y obviamente la incorporación de otro Comodín incrementa sus posibilidades".

Al llegar al receso por el Juego de Estrellas, hay 17 escuadras que se encuentran a sólo 5 1/2 juegos de un lugar en la postemporada y otras cinco a 9 1/2 juegos. El único líder de división que tiene una ventaja mayor a 1/2 juegos son los Bravos, quienes están 6 juegos por encima de los Nacionales en el Este de la Liga Nacional. Los gerentes generales tienen que decidir si deben "comprar" ante la posibilidad de un repunte repentino.

Los Filis de Lee es uno de los equipos que podrían encontrarse con ese dilema, porque después del receso por el Juego de Estrellas la temporada pasada, los pupilos de Charlie Manuel tenían foja de 37-50, 14 detrás del primer lugar en el Este de la L.N., más importante aún, se encontraban a 10 juegos del segundo puesto por el Comodín. En la mañana de la fecha límite de cambios, Filadelfia estaba a 13 juegos detrás de ese último lugar para octubre. Naturalmente, decidieron convertirse en "vendedores" y cambiaron a los jardineros Shane Victorino y Hunter Pence horas antes de la fecha límite.

Pero algo curioso sucedió, para el 12 de septiembre los Filis superaron los .500 y se convirtieron en contendientes. Se encontraban a sólo tres juegos del segundo Comodín con 19 partidos por disputarse.

Ahora, nunca sabremos si aún con Victorino y Pence en sus filas los Filis hubiesen sido capaces de superar ese déficit y llegar a la postemporada, donde los equipos de la oposición la iban a tener difícil en contra de Lee, Cole Hamels y Roy Halladay, quienes cerraron todos la temporada lanzando de manera estupenda.

Y ese es precisamente el punto. En este juego - especialmente ahora - uno nunca sabe.

Existen varios equipos en situaciones similares a la de los Filis. Los Azulejos, Reales y Angelinos están todos lejos de lo que ellos pretendían o esperaban este año, pero por ahora no existe una razón obvia para comenzar a deshacerse de peloteros como Josh Johnson, el dominicano Ervin Santana o un saludable Jason Vargas, por citar solamente algunos.

El cupo extra para la postemporada ha alargado la campaña tanto filosófica como sicológicamente, en cierto sentido, porque aun cuando de alguna manera estás convencido de que no tienes posibilidades de contender, puedes luchar para tratar de lograrlo. Y esa es la razón por la que muchos jugadores de renombre que están involucrados en rumores de cambio todavía no están "a la venta".

Sus equipos simplemente no pueden decidir qué hacer.

"Muchos equipos que pensaríamos ya estuvieran canjeando a varios de sus mejores peloteros no lo han hecho", le dijo el gerente general de los Cardenales, John Mozeliak, al St. Louis Post-Dispatch. "La realidad es que hasta ahora no hay muchos peloteros que estén realmente disponibles".

Mientras que el optimismo acerca de llegar a la postemporada como un Comodín pudiera mermar un poco ante el hecho de tener que jugarse toda una campaña en un solo partido de playoff, la mayoría de los clubes estarían dispuestos a luchar por llegar a esa instancia.

Entonces, ¿Por qué no darle a tu equipo la oportunidad de encenderse?

"Si te encuentras en esa situación, ves [al Comodín] como tu gran oportunidad de colarte a octubre", manifestó el jardinero dominicano de los Rangers, Nelson Cruz, "y entonces todo puede pasar. Eso hace el juego más interesante".

En estos momentos, la cosa está muy interesante. La fecha límite de cambios sin pasar por waivers está a menos de dos semanas, y los gerentes generales deberán decidir si trazar una línea entre la esperanza real y el optimismo idealizado.